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Saturday, September 10, 2005

Opción

Recuerdo muy bien
aquella noche.
Tuve que optar
entre dos amores.
Y perdiste
(o perdí yo).
Por supuesto que sí.
Lo recuerdo como...
como a las manos
de mi madre.
Aquel sillón rojo,
tus fotografías
en colores,
la alfombra blanda.
No pude evitarlo.
Tuve miedo.
Lo comprendo:
tú me hubieras
llevado por
caminos encantados.

10 comments:

TiNO RO said...

Si no tuvieramos esa capacidad de vagar al pasado por aquellos mundos posibles que feliz seríamos.

Saludos,
Tino RO.

fgiucich said...

Es que vagar por el pasado nos da la fuerza para vivir el presente y pensar en el futuro. Siempre es bueno dar una mirada para atrás, rescatando, inlusive, aquellas cosas que nos hicieron doler. Gracias por visitar esta casa. Saludos.

Lety said...

fgiucich, "aquel sillon rojo" por qué a veces las cosas, nos recuerdan lo que duele? uno de mis poemas más duros, habla de un sillón que significó mucho en mi infancia. Lo saludo con cariño

fgiucich said...

Es cierto. Hay cosas puntuales que permanecen en la memoria, como esas boyas que flotan a la entrada de una bahía para guiar a los navegantes. Abrazos.

Laura said...

Yo me quedo con las "fotografías". Qué increíble capacidad que tienen esas imágenes de remontarnos a un pasado, de hacerlo vívido, de oirlo, se olerlo, de sentirlo...!!
Qué duro es, a veces, mirar por una fotografía y cuán pacificador otras tantas.

Hermoso

fgiucich said...

La memoria es un fotògrafo inapelable. Cariños.

Raquel Olvera said...

Por piedad nos dejamos ir.

indianguman said...

Tu poema me hace doler las entranas. Alguien me dijo algo muy parecido una vez. Ahora también lo entiendo.

A veces no habría que ser tan cuerdo.

La estampa que nos pintas esta vez me hace recordar también "Los Puentes de Madison" (no sé si la viste...)

Abracitos

fgiucich said...

Raquel:
es un gusto saber que ha pasado, aunque sea raudamente, por estos parajes. Su comentario es valioso. Saludos.

Indianguman:
No, no tendrìamos que ser tan cuerdos. La libertad de los locos nos permite volar y escapar de aquellos formalismos que no nos dejan mirar el cielo.
Qué pelìcula extraordinaria esa: "Los puentes de Madison". Inolvidable. Abrazos.

Lety said...

A mi también me gustó y sigo sin arrepentirme de haber deseado tanto que ella fuera capaz de irse, aunque también comprendiendo desde dentro el por qué no lo hizo. Otra vez besos.