CLARA

Poemas escondidos y otras locuras

Monday, November 16, 2009

Relámpago

En el ocaso de la vida,
con los años escondidos
en ese otoño bordado
de cabellos entrecanos,
conoció el amor
por vez primera;
fue un relámpago
fulgurante, casi sublime,
que se apagó,
tal como vino,
con la primeras nieves
de aquel invierno.

Monday, November 09, 2009

Amor prohibido

Nadie conoce
mejor el placer
de un amor prohibido,
que la pasión
sostenida en la creencia
de que ese puede ser
su último día.

Monday, November 02, 2009

Silabario

Apostado
en el contorno
de tus labios,
aprendí de memoria
el silabario
de la lujuria.

Monday, October 26, 2009

Cuestión de faldas

Tenía la cara
marcada por la viruela
y la vida.
Gesto adusto,
ceño fruncido
y una mirada
afilada como
cuchillo de arriero.
Fue matón a sueldo
durante los años
de plomo,
pero una noche,
en un quilombo
del Tigre
por una cuestión
de faldas,
no alcanzó a desenfundar
el arma.
Terminó mirando
al cielo
con un balazo
entre ceja y ceja.

Monday, October 19, 2009

Madre

Debo rendirte
mi homenaje madre,
porque con la simpleza
de tu espíritu
me enseñaste a librar
mis batallas en silencio.
Tus palabras me dieron
el sentido exacto
de la poesía,
el ritmo infinito
del amor al arte
y la tenacidad para
enfrentar a los
muros de la vida.
He demorado
en dedicarte estas letras;
no son más que cascadas
de cristales en busca
de tu vientre.

Monday, October 12, 2009

Falopa (*)

En la mediocridad más absoluta
aquella que devasta, gota a gota,
la condición humana,
tomó el camino equivocado.
Entendió que la falopa
era el carro de los triunfadores
y la cuadriga envenenada
lo desbarrancó en la
primera curva.
Lo vi ayer en el
boliche de la esquina,
mirándose en el espejo
de una copa vacía.

(*) "droga estimulante o enervante"
Diccionario del habla de los Argentinos
(Academia Argentina de Letras)

Monday, October 05, 2009

Luces del alma

Cuando sintió
el fogonazo cegándole
las luces del alma,
intuyó que el naipe ganador
estaba en la mano contraria.
Guardó el dolor entre las
gambetas del destino y,
con la elegancia de un
perdedor consumado,
dobló la última página
de aquel cuaderno
ajado por la memoria.