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Saturday, October 22, 2005

La caza

Las ráfagas del huracán
hendieron el manto
de nubes que cubría
el pico de la montaña.
A mucha distancia
entre las ruinas de
aquella vieja casa
dos cuerpos semi
escondidos entre
los escombros
aguardaban temblorosos
la tormenta amenazante.
El ulular del viento
no impidió escuchar
el llando
del recién nacido.
Escapando de la hacienda
encontraron la
noche y los dolores del
parto impidieron la
continuación del escape.
No muy lejos, la peonada
con sus perros, salieron
en la búsqueda de los
fugitivos.
Nada había cambiado
en el correr de los siglos:
la libertad estaba negada
en las tierras del señor
de la comarca.
El latigazo de la lluvia
hizo más tenebrosa
la oscuridad y el
gemido del niño,
dió la pista a los
mastines.

9 comments:

indianguman said...

Yo creo que tus poemas son verdaderos microcuentos. Me encantan.

La vida viene en los momentos más inesperados. Y en cierto sentido vivir es siempre escarpar de la muerte, buscar refugio.

Un abrazo!

Gabriela Zayas said...

Me ha encantado Fernando,, como a induianguman. Siempre la imagen es tremenda. Llena de fuerza. Y también hay ternura.
Un beso.

TiNO RO said...

Cuentas historias Fernando, evocadoras de imágenes y terror. La matanza de los inocentes en un mundo donde un niño vale lo mismo que una liebre.

Es bueno leerte.


Saludos,
Tino RO

Lety said...

Don Fernando, cuando llego tarde, hallo mayor placer en leerle primero a usted, y luego las reflexiones de nuestros amigos, incluido Tino Ro,así me voy con un ramillete mucho más completo, su regalo y el punto de vista de ellos que siempre enriquece el propio. Que Dios me los guarde

Raquel Olvera said...

la vida no se puede esconder

Tristán Estar said...

Puedo imaginarme la dentellada de los mastines.

Un gran abrazo.

Laura said...

Fer:
no sólo coincido con todos en la belleza y la fuerza del relato sino que me pareció una hermosa visión del "nacimiento de Cristo". Los mastines que alertan de la llegada, las adversidades que enfrentaron esos padres, la luz que trajo el niño entre tanta tormenta...

Un cariño gigante!

Gemuina said...

Hola,
gracias por tu visita por mi blog y encantada de adentrarme por este espacio, creo que es la priemra vez pero no va a ser la última.
Muy buen poema, cuando el sonido de la naturaleza es la mayor seña. Un llanto de un niño, hermoso sonido oído por su madre al percibir la llegada generalmente de su hijo al mundo, en tu poema la pista para los mastines, que fácil es a veces para los animales seguir el rastro de cualquier cosa que buscan, nosotros somos más patosos en ese aspecto, a lo mejor tneemso algo delatne y no nos damos ni siquiera cuenta.
Un saludín

Emilio said...

Poderoso texto. Concuerdo con Indianwoman, tus poemas -además- son microcuentos. Me gusta tu estilo. Bien por nosotros que bebemos sedientos de esta fuente.