Fue un amor
a primera vista.
No necesitaron
de muchos artilugios
para encender la hoguera.
Caminaron por la costanera
tomados de la mano
y en la punta del muelle,
donde el agua golpea los
viejos pilotes de madera,
surgió el primer beso
como rayo de tormenta.
Las última estrellas
de esa madrugada,
fueron apagándose
cuando el reloj tocó
la hora de los
maitines.
El río volviose
color de plata
y el mundo semejó
ser tan simple
como esa pequeña historia
que florecía,
una mañana de enero,
con la caricia del sol.
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Sunday, November 25, 2007
Sunday, November 18, 2007
El destierro
Conocí el camino
del destierro cuando,
bajo las arcadas de tus ojos,
dos luceros errantes
me negaron el permiso
para mirarte de frente.
Guardé el dolor
en las alforjas del alma
y me abrí paso en las
arenas del desierto.
del destierro cuando,
bajo las arcadas de tus ojos,
dos luceros errantes
me negaron el permiso
para mirarte de frente.
Guardé el dolor
en las alforjas del alma
y me abrí paso en las
arenas del desierto.
Sunday, November 11, 2007
Esa sonrisa
Cerca, muy cerca
de tu rostro
(marfil y terciopelo)
encontré esa sonrisa
que hoy, todavía,
me deslumbra el
alma.
de tu rostro
(marfil y terciopelo)
encontré esa sonrisa
que hoy, todavía,
me deslumbra el
alma.
Sunday, November 04, 2007
El favor
-Debo pedirte un favor-
me dijo
con voz queda.
- No dejes de amarme
aunque los pájaros abandonen
sus nidos, y yo, desgarrada
deba partir
en la barca del destino.
me dijo
con voz queda.
- No dejes de amarme
aunque los pájaros abandonen
sus nidos, y yo, desgarrada
deba partir
en la barca del destino.
Sunday, October 28, 2007
La rutina
En el cepo amargo
de sus pensamientos
le rondó la idea
de huir hacia el infinito
placer de lo desconocido.
Pero, apostado en el otero
de las dudas existenciales,
corrió la cortina,
anudose la corbata,
ensayó una sonrisa
de plástico y,
con paso largo,
ingresó a la rutina
de todos los días.
de sus pensamientos
le rondó la idea
de huir hacia el infinito
placer de lo desconocido.
Pero, apostado en el otero
de las dudas existenciales,
corrió la cortina,
anudose la corbata,
ensayó una sonrisa
de plástico y,
con paso largo,
ingresó a la rutina
de todos los días.
Sunday, October 21, 2007
El zaguán
En los umbrales
del zaguán,
fresco y perfumado,
nos besamos
por vez primera.
El rumor
de un arroyuelo
nos envolvió,
quédamente,
casi sin darnos
cuenta.
del zaguán,
fresco y perfumado,
nos besamos
por vez primera.
El rumor
de un arroyuelo
nos envolvió,
quédamente,
casi sin darnos
cuenta.
Sunday, October 14, 2007
El duelo
Cuando los aceros
se cruzaron,
al compás de jadeos y
sudores,
una corriente de muerte
se apoderó del ambiente
saturado a fritangas.
Sábado a la tarde,
naipes marcados,
una alusión a
cierta dama con
marca en el orillo,
gatilló el entredicho
entre el capatáz y el
encargado de la usina.
Ninguno de los presentes
quiso anticipar el resultado
por temor a quedar
enganchados en alguna
venganza tardía.
Cuando el comisario
con dos efectivos,
portadores de carabinas
recortadas y gastadas
por el tiempo,
dijeron presente
carajeando para
imponer respeto,
los cuchillos quedaron
suspendidos en el aire.
Las ganas de achurar
al rival eran muchas,
pero el temor a la
autoridad era aún
mucho mayor.
Algunos, en el obraje,
habían conocido
el cepo implacable
y era aconsejable dejar
el convite
para mejor oportunidad.
Casa uno se fue
a un rincón,
mientras el
sargento primero,
gordo, desdentado
y cantingudo
tomó posición
en el centro de la escena,
con vos de milicia
bien entidada, gritó:
-¡Una caña doble!-
Y se mandó el taco
al garguero,
sin mirar a los
subordinados que no
les quedó más remedio
que pasarse la lengua
por los labios resecos.
Publicado el 23 de enero de 2006
se cruzaron,
al compás de jadeos y
sudores,
una corriente de muerte
se apoderó del ambiente
saturado a fritangas.
Sábado a la tarde,
naipes marcados,
una alusión a
cierta dama con
marca en el orillo,
gatilló el entredicho
entre el capatáz y el
encargado de la usina.
Ninguno de los presentes
quiso anticipar el resultado
por temor a quedar
enganchados en alguna
venganza tardía.
Cuando el comisario
con dos efectivos,
portadores de carabinas
recortadas y gastadas
por el tiempo,
dijeron presente
carajeando para
imponer respeto,
los cuchillos quedaron
suspendidos en el aire.
Las ganas de achurar
al rival eran muchas,
pero el temor a la
autoridad era aún
mucho mayor.
Algunos, en el obraje,
habían conocido
el cepo implacable
y era aconsejable dejar
el convite
para mejor oportunidad.
Casa uno se fue
a un rincón,
mientras el
sargento primero,
gordo, desdentado
y cantingudo
tomó posición
en el centro de la escena,
con vos de milicia
bien entidada, gritó:
-¡Una caña doble!-
Y se mandó el taco
al garguero,
sin mirar a los
subordinados que no
les quedó más remedio
que pasarse la lengua
por los labios resecos.
Publicado el 23 de enero de 2006
Monday, October 08, 2007
Soñar
Nubes pálidas
sobre el mar profundo.
No llores entre las plantas
del alma.
Es un juego de caretas austadas
entre hormigas y silencios.
Es el llanto
de las manos presas
por esconder milagros.
No entiendo
este idioma universal
y mediocre,
que esparce las cenizas
de sus letras alargadas.
Es buscar la pasión
junto al fuego.
Es soñar solamente.
Del libro "CLARA"
Edit. Dunken - Enero 2006
PD Estoy de viaje hasta el viernes 12 y en los lugares por donde voy pasando la conexión a Internet no es muy buena. Por lo cual me resulta algo difícil visitar a todos. Abrazos.
sobre el mar profundo.
No llores entre las plantas
del alma.
Es un juego de caretas austadas
entre hormigas y silencios.
Es el llanto
de las manos presas
por esconder milagros.
No entiendo
este idioma universal
y mediocre,
que esparce las cenizas
de sus letras alargadas.
Es buscar la pasión
junto al fuego.
Es soñar solamente.
Del libro "CLARA"
Edit. Dunken - Enero 2006
PD Estoy de viaje hasta el viernes 12 y en los lugares por donde voy pasando la conexión a Internet no es muy buena. Por lo cual me resulta algo difícil visitar a todos. Abrazos.
Sunday, September 30, 2007
Las luces
Revestidas
estaban las paredes
de ámplias
cortinas de raso y seda.
El salón impresionaba
con su araña de cristal
colgada en techo
con frescos venecianos.
En un costado,
sobre la ventana
que daba al río,
un reclinatorio
igualmente adornado,
servía para que
la anciana dama
dijese sus oraciones
vespertinas,
en breviario con
tapas de nacar.
Amanecía aquella
mañana de primavera,
cuando llamaron de
urgencia al
cura de la parroquia.
Fue su último deseo
que encendieran
todas las luces
en el momento de
su partida,
porque habiendo
nacida ciega
confiaba que, al entrar
en las tinieblas,
los caireles brillantes
tallados en algún
lugar de Bohemia,
guiaran sus pasos
vacilantes.
Publicado el 1 de Diciembre de 2005
estaban las paredes
de ámplias
cortinas de raso y seda.
El salón impresionaba
con su araña de cristal
colgada en techo
con frescos venecianos.
En un costado,
sobre la ventana
que daba al río,
un reclinatorio
igualmente adornado,
servía para que
la anciana dama
dijese sus oraciones
vespertinas,
en breviario con
tapas de nacar.
Amanecía aquella
mañana de primavera,
cuando llamaron de
urgencia al
cura de la parroquia.
Fue su último deseo
que encendieran
todas las luces
en el momento de
su partida,
porque habiendo
nacida ciega
confiaba que, al entrar
en las tinieblas,
los caireles brillantes
tallados en algún
lugar de Bohemia,
guiaran sus pasos
vacilantes.
Publicado el 1 de Diciembre de 2005
Sunday, September 23, 2007
Estampas
En la tarde noche
de aquel viernes fatídico
se cruzaron dos miradas
como lanzas afiladas.
Ninguno esgrimió argumentos
valederos.
Unos compases muy suaves
rasgaron el crepúsculo
con las notas de una guitarra.
El odio se hizo carne
en los cuerpos envarados.
Una estrella asomó
como santo y seña
de la noche niña,
y en los techos
enmohecidos
se posó una golondrina
viajera.
Del libro "CLARA"
Edit. Dunken - Enero 2006
de aquel viernes fatídico
se cruzaron dos miradas
como lanzas afiladas.
Ninguno esgrimió argumentos
valederos.
Unos compases muy suaves
rasgaron el crepúsculo
con las notas de una guitarra.
El odio se hizo carne
en los cuerpos envarados.
Una estrella asomó
como santo y seña
de la noche niña,
y en los techos
enmohecidos
se posó una golondrina
viajera.
Del libro "CLARA"
Edit. Dunken - Enero 2006
Sunday, September 16, 2007
Rapsodia
Aquel verano
fue como una rapsodia
paseando por las calles
de Budapest.
Nos amamos
como pudimos
entre las esquirlas
de nuestros viejos
resentimientos.
Vaya uno a saber
cómo se puede amar
y odiar al mismo tiempo,
sin espacios ni concesiones.
No tuvimos el valor
de romper los estigmas
marcados a fuego,
por los tabúes familiares.
Y cuando acabó el verano,
junto a las primeras hojas
desprendidas por el otoño,
nos encontramos sin fuerzas
para enfrentar al destino.
En la añosa estación
de ladrillos rojos,
la ví subir al tren
con su gastada maleta,
sin rumbo cierto.
Escondido en una
de las plataformas
quise ser el viento
para seguirla,
pero que me quedé sorbiendo
el llanto que me apretaba
la garganta.
Publicado el 3 de enero de 2006
fue como una rapsodia
paseando por las calles
de Budapest.
Nos amamos
como pudimos
entre las esquirlas
de nuestros viejos
resentimientos.
Vaya uno a saber
cómo se puede amar
y odiar al mismo tiempo,
sin espacios ni concesiones.
No tuvimos el valor
de romper los estigmas
marcados a fuego,
por los tabúes familiares.
Y cuando acabó el verano,
junto a las primeras hojas
desprendidas por el otoño,
nos encontramos sin fuerzas
para enfrentar al destino.
En la añosa estación
de ladrillos rojos,
la ví subir al tren
con su gastada maleta,
sin rumbo cierto.
Escondido en una
de las plataformas
quise ser el viento
para seguirla,
pero que me quedé sorbiendo
el llanto que me apretaba
la garganta.
Publicado el 3 de enero de 2006
Sunday, September 09, 2007
El juicio
Conforme a derecho
el fiscal solicitó la
pena de muerte.
La sala de audiencias
colmada hasta los techos,
guardó un silencio
que pesaba en el ambiente
como plomo en quintales.
El juez observó
al jurado
y el acusado, tambloroso,
casi patético,
apoyó la cabeza
en ambas manos.
Por su mente
afiebrada y confusa
se deslizó la visión
sombría de una
pasión torturante
y torturada,
que lo llevó a rastras,
en un río de sange,
aquel lejano domingo
de Ramos.
Publicado el 12 de enero de 2006
el fiscal solicitó la
pena de muerte.
La sala de audiencias
colmada hasta los techos,
guardó un silencio
que pesaba en el ambiente
como plomo en quintales.
El juez observó
al jurado
y el acusado, tambloroso,
casi patético,
apoyó la cabeza
en ambas manos.
Por su mente
afiebrada y confusa
se deslizó la visión
sombría de una
pasión torturante
y torturada,
que lo llevó a rastras,
en un río de sange,
aquel lejano domingo
de Ramos.
Publicado el 12 de enero de 2006
Sunday, September 02, 2007
Estampas VII
Tu caminar invisible
despertaba en mis ojos
una luminosidad
especial.
Te conocí en la
mitad de mi vida,
cuando volvía
con las heridas abiertas
por una sucesión de
fracasos.
Qué importante fue
tu piel quemando
mis pausas
entre claraboyas
y espejos azulados.
Como nada es eterno,
un día te fuiste
recostada en las penumbras
de la luna.
Publicado el 13.12.05
despertaba en mis ojos
una luminosidad
especial.
Te conocí en la
mitad de mi vida,
cuando volvía
con las heridas abiertas
por una sucesión de
fracasos.
Qué importante fue
tu piel quemando
mis pausas
entre claraboyas
y espejos azulados.
Como nada es eterno,
un día te fuiste
recostada en las penumbras
de la luna.
Publicado el 13.12.05
Sunday, August 26, 2007
Mala entraña
Fue de mala entraña
te dijeran
que yo ya no te amaba,
porque en el burdel
de la Marta,
me enamoré de tu hermana.
te dijeran
que yo ya no te amaba,
porque en el burdel
de la Marta,
me enamoré de tu hermana.
Sunday, August 19, 2007
Mañana de amor
Era una perfecta
mañana de amor.
Caía la nieve
y el grito ahogado
de la pasión,
encendía los vaivenes
de tu cuerpo.
mañana de amor.
Caía la nieve
y el grito ahogado
de la pasión,
encendía los vaivenes
de tu cuerpo.
Sunday, August 12, 2007
Tus ojos
Nadie entiende
el idioma de tus ojos,
salvo yo,
que camino por tus mejillas
en las noches
de plenilunio.
el idioma de tus ojos,
salvo yo,
que camino por tus mejillas
en las noches
de plenilunio.
Sunday, August 05, 2007
Un sueño
Me desperté asustado
creyendo que habías
partido con aquella
alondra peregrina
que dormía
en tu balcón.
creyendo que habías
partido con aquella
alondra peregrina
que dormía
en tu balcón.
Sunday, July 29, 2007
El testamento
Al momento de imponerme
ser el portador de la carta
que mostraba, claramente,
para ser entregada en mano,
un escalofrío me recorrió
de piés a cabeza.
Cuando fuimos novios
en el colegio secundario
nadie me hubiera asegurado
que, treinta años después,
sería yo, el albacea
testamentario de su padre.
Sentados en semicírculo,
junto a mi despacho,
de izquierda a derecha
me miraban, inquisidoramente,
la viuda, el hijo mayor
(un solterón empedernido),
ella y su cónyuge,
el incompetente administrador
de los fundos familiares.
Cumplidas las normas de estilo,
inicié la lectura del testamento
dictado tres años antes.
Repartidas las propiedades,
acciones y fondos de inversión,
quedaba por ejecutar
el último mandato.
Cerca de los cincuenta
perseveraba en ella
esa inquietante belleza
que me tuvo,
como bola sin manija,
en aquellos tiempos
estudiantiles.
La piel tersa,
gracias a una que otra
cirugía,
despedía un suave aroma
a Dolce & Gabbanna.
Las manos anilladas,
apretadas con firmeza
descansaban sobre la
falda de tweed.
- Debo advertiles,
a cada uno de ustedes que,
además del legado, queda un
trámite pendiente - aclaré
con voz imperativa de
abogado en funciones.
Un temor sobrevoló en
las miradas con un leve toque
de sorpresa.
- Me han encomendado entregarle
este sobre en manos propias
cuyo contenido, debe ser de su único
y exclusivo conocimiento -
afirmé.
Lo tomó con un temblor apenas
discreto, a la par que un espejo
de sudor le iluminaba el labio
superior.
Al otro día,
mientras desayunaba en la
terraza del Alvear, leí
en la primera plana
de los diarios capitalinos,
que el marido de la susodicha
se había levantado la tapa de
los sesos, con un preciso disparo
de revólver.
ser el portador de la carta
que mostraba, claramente,
para ser entregada en mano,
un escalofrío me recorrió
de piés a cabeza.
Cuando fuimos novios
en el colegio secundario
nadie me hubiera asegurado
que, treinta años después,
sería yo, el albacea
testamentario de su padre.
Sentados en semicírculo,
junto a mi despacho,
de izquierda a derecha
me miraban, inquisidoramente,
la viuda, el hijo mayor
(un solterón empedernido),
ella y su cónyuge,
el incompetente administrador
de los fundos familiares.
Cumplidas las normas de estilo,
inicié la lectura del testamento
dictado tres años antes.
Repartidas las propiedades,
acciones y fondos de inversión,
quedaba por ejecutar
el último mandato.
Cerca de los cincuenta
perseveraba en ella
esa inquietante belleza
que me tuvo,
como bola sin manija,
en aquellos tiempos
estudiantiles.
La piel tersa,
gracias a una que otra
cirugía,
despedía un suave aroma
a Dolce & Gabbanna.
Las manos anilladas,
apretadas con firmeza
descansaban sobre la
falda de tweed.
- Debo advertiles,
a cada uno de ustedes que,
además del legado, queda un
trámite pendiente - aclaré
con voz imperativa de
abogado en funciones.
Un temor sobrevoló en
las miradas con un leve toque
de sorpresa.
- Me han encomendado entregarle
este sobre en manos propias
cuyo contenido, debe ser de su único
y exclusivo conocimiento -
afirmé.
Lo tomó con un temblor apenas
discreto, a la par que un espejo
de sudor le iluminaba el labio
superior.
Al otro día,
mientras desayunaba en la
terraza del Alvear, leí
en la primera plana
de los diarios capitalinos,
que el marido de la susodicha
se había levantado la tapa de
los sesos, con un preciso disparo
de revólver.
Sunday, July 22, 2007
Las cuádrigas del destino.
Tengo el sabor inequívoco
de la amargura
que me traspasa el corazón
de punta a punta,
sin darme cuenta que es,
simplemente, el dolor
de la soledad.
Sentado en un rincón
de la ámplia sala,
custodiado por los candelabros
de plata y las alfombras persas,
aquellas heredadas de mi abuela,
quise repasar el diario de mi vida
y encontré la hojas absolutamente
en blanco.
En ese momento, cuando las
cuádrigas del destino
avanzaron sin perder aliento,
sentí el aviso claro y preciso
que la hilacha de mi historia
se había perdido para siempre
en la polvareda del desierto.
Acudí, desesperadamente,
a escarbar en el rescoldo de
las etapas recorridas, pero
solo encontré cenizas frias
que habitaban en los
pastos húmedos.
Como las alternativas
eran muy pocas,
terminé de acomodar
la escasa ropa en la pequeña
maleta, la cerré cuidadosamente
y ,conteniendo un llanto molesto
que nacìa a borbotones,
atravesé el jardín
rumbo al puerto.
de la amargura
que me traspasa el corazón
de punta a punta,
sin darme cuenta que es,
simplemente, el dolor
de la soledad.
Sentado en un rincón
de la ámplia sala,
custodiado por los candelabros
de plata y las alfombras persas,
aquellas heredadas de mi abuela,
quise repasar el diario de mi vida
y encontré la hojas absolutamente
en blanco.
En ese momento, cuando las
cuádrigas del destino
avanzaron sin perder aliento,
sentí el aviso claro y preciso
que la hilacha de mi historia
se había perdido para siempre
en la polvareda del desierto.
Acudí, desesperadamente,
a escarbar en el rescoldo de
las etapas recorridas, pero
solo encontré cenizas frias
que habitaban en los
pastos húmedos.
Como las alternativas
eran muy pocas,
terminé de acomodar
la escasa ropa en la pequeña
maleta, la cerré cuidadosamente
y ,conteniendo un llanto molesto
que nacìa a borbotones,
atravesé el jardín
rumbo al puerto.
Sunday, July 15, 2007
Proposición
En el último escalón
del pórtico,
con las manos
en los bolsillos de la falda
y recostada en una de las
columnas,
me observó incrédula
cuando le pregunté de sopetón,
si quería casarse conmigo.
- Atrevido - me contestó
sonrojada hasta las orejas -
por hacer semejante proposición
si, muy bien lo sabes,
me caso mañana y tú eres
uno de mis testigos -
- Justamento por eso - respondí -
No quisera jurar en vano.
del pórtico,
con las manos
en los bolsillos de la falda
y recostada en una de las
columnas,
me observó incrédula
cuando le pregunté de sopetón,
si quería casarse conmigo.
- Atrevido - me contestó
sonrojada hasta las orejas -
por hacer semejante proposición
si, muy bien lo sabes,
me caso mañana y tú eres
uno de mis testigos -
- Justamento por eso - respondí -
No quisera jurar en vano.
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