Revestidas
estaban las paredes
de ámplias
cortinas de raso y seda.
El salón impresionaba
con su araña de cristal
colgada en techo
con frescos venecianos.
En un costado,
sobre la ventana
que daba al río,
un reclinatorio
igualmente adornado,
servía para que
la anciana dama
dijese sus oraciones
vespertinas,
en breviario con
tapas de nacar.
Amanecía aquella
mañana de primavera,
cuando llamaron de
urgencia al
cura de la parroquia.
Fue su último deseo
que encendieran
todas las luces
en el momento de
su partida,
porque habiendo
nacida ciega
confiaba que, al entrar
en las tinieblas,
los caireles brillantes
tallados en algún
lugar de Bohemia,
guiaran sus pasos
vacilantes.
Publicado el 1 de Diciembre de 2005
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Sunday, September 30, 2007
Sunday, September 23, 2007
Estampas
En la tarde noche
de aquel viernes fatídico
se cruzaron dos miradas
como lanzas afiladas.
Ninguno esgrimió argumentos
valederos.
Unos compases muy suaves
rasgaron el crepúsculo
con las notas de una guitarra.
El odio se hizo carne
en los cuerpos envarados.
Una estrella asomó
como santo y seña
de la noche niña,
y en los techos
enmohecidos
se posó una golondrina
viajera.
Del libro "CLARA"
Edit. Dunken - Enero 2006
de aquel viernes fatídico
se cruzaron dos miradas
como lanzas afiladas.
Ninguno esgrimió argumentos
valederos.
Unos compases muy suaves
rasgaron el crepúsculo
con las notas de una guitarra.
El odio se hizo carne
en los cuerpos envarados.
Una estrella asomó
como santo y seña
de la noche niña,
y en los techos
enmohecidos
se posó una golondrina
viajera.
Del libro "CLARA"
Edit. Dunken - Enero 2006
Sunday, September 16, 2007
Rapsodia
Aquel verano
fue como una rapsodia
paseando por las calles
de Budapest.
Nos amamos
como pudimos
entre las esquirlas
de nuestros viejos
resentimientos.
Vaya uno a saber
cómo se puede amar
y odiar al mismo tiempo,
sin espacios ni concesiones.
No tuvimos el valor
de romper los estigmas
marcados a fuego,
por los tabúes familiares.
Y cuando acabó el verano,
junto a las primeras hojas
desprendidas por el otoño,
nos encontramos sin fuerzas
para enfrentar al destino.
En la añosa estación
de ladrillos rojos,
la ví subir al tren
con su gastada maleta,
sin rumbo cierto.
Escondido en una
de las plataformas
quise ser el viento
para seguirla,
pero que me quedé sorbiendo
el llanto que me apretaba
la garganta.
Publicado el 3 de enero de 2006
fue como una rapsodia
paseando por las calles
de Budapest.
Nos amamos
como pudimos
entre las esquirlas
de nuestros viejos
resentimientos.
Vaya uno a saber
cómo se puede amar
y odiar al mismo tiempo,
sin espacios ni concesiones.
No tuvimos el valor
de romper los estigmas
marcados a fuego,
por los tabúes familiares.
Y cuando acabó el verano,
junto a las primeras hojas
desprendidas por el otoño,
nos encontramos sin fuerzas
para enfrentar al destino.
En la añosa estación
de ladrillos rojos,
la ví subir al tren
con su gastada maleta,
sin rumbo cierto.
Escondido en una
de las plataformas
quise ser el viento
para seguirla,
pero que me quedé sorbiendo
el llanto que me apretaba
la garganta.
Publicado el 3 de enero de 2006
Sunday, September 09, 2007
El juicio
Conforme a derecho
el fiscal solicitó la
pena de muerte.
La sala de audiencias
colmada hasta los techos,
guardó un silencio
que pesaba en el ambiente
como plomo en quintales.
El juez observó
al jurado
y el acusado, tambloroso,
casi patético,
apoyó la cabeza
en ambas manos.
Por su mente
afiebrada y confusa
se deslizó la visión
sombría de una
pasión torturante
y torturada,
que lo llevó a rastras,
en un río de sange,
aquel lejano domingo
de Ramos.
Publicado el 12 de enero de 2006
el fiscal solicitó la
pena de muerte.
La sala de audiencias
colmada hasta los techos,
guardó un silencio
que pesaba en el ambiente
como plomo en quintales.
El juez observó
al jurado
y el acusado, tambloroso,
casi patético,
apoyó la cabeza
en ambas manos.
Por su mente
afiebrada y confusa
se deslizó la visión
sombría de una
pasión torturante
y torturada,
que lo llevó a rastras,
en un río de sange,
aquel lejano domingo
de Ramos.
Publicado el 12 de enero de 2006
Sunday, September 02, 2007
Estampas VII
Tu caminar invisible
despertaba en mis ojos
una luminosidad
especial.
Te conocí en la
mitad de mi vida,
cuando volvía
con las heridas abiertas
por una sucesión de
fracasos.
Qué importante fue
tu piel quemando
mis pausas
entre claraboyas
y espejos azulados.
Como nada es eterno,
un día te fuiste
recostada en las penumbras
de la luna.
Publicado el 13.12.05
despertaba en mis ojos
una luminosidad
especial.
Te conocí en la
mitad de mi vida,
cuando volvía
con las heridas abiertas
por una sucesión de
fracasos.
Qué importante fue
tu piel quemando
mis pausas
entre claraboyas
y espejos azulados.
Como nada es eterno,
un día te fuiste
recostada en las penumbras
de la luna.
Publicado el 13.12.05
Sunday, August 26, 2007
Mala entraña
Fue de mala entraña
te dijeran
que yo ya no te amaba,
porque en el burdel
de la Marta,
me enamoré de tu hermana.
te dijeran
que yo ya no te amaba,
porque en el burdel
de la Marta,
me enamoré de tu hermana.
Sunday, August 19, 2007
Mañana de amor
Era una perfecta
mañana de amor.
Caía la nieve
y el grito ahogado
de la pasión,
encendía los vaivenes
de tu cuerpo.
mañana de amor.
Caía la nieve
y el grito ahogado
de la pasión,
encendía los vaivenes
de tu cuerpo.
Sunday, August 12, 2007
Tus ojos
Nadie entiende
el idioma de tus ojos,
salvo yo,
que camino por tus mejillas
en las noches
de plenilunio.
el idioma de tus ojos,
salvo yo,
que camino por tus mejillas
en las noches
de plenilunio.
Sunday, August 05, 2007
Un sueño
Me desperté asustado
creyendo que habías
partido con aquella
alondra peregrina
que dormía
en tu balcón.
creyendo que habías
partido con aquella
alondra peregrina
que dormía
en tu balcón.
Sunday, July 29, 2007
El testamento
Al momento de imponerme
ser el portador de la carta
que mostraba, claramente,
para ser entregada en mano,
un escalofrío me recorrió
de piés a cabeza.
Cuando fuimos novios
en el colegio secundario
nadie me hubiera asegurado
que, treinta años después,
sería yo, el albacea
testamentario de su padre.
Sentados en semicírculo,
junto a mi despacho,
de izquierda a derecha
me miraban, inquisidoramente,
la viuda, el hijo mayor
(un solterón empedernido),
ella y su cónyuge,
el incompetente administrador
de los fundos familiares.
Cumplidas las normas de estilo,
inicié la lectura del testamento
dictado tres años antes.
Repartidas las propiedades,
acciones y fondos de inversión,
quedaba por ejecutar
el último mandato.
Cerca de los cincuenta
perseveraba en ella
esa inquietante belleza
que me tuvo,
como bola sin manija,
en aquellos tiempos
estudiantiles.
La piel tersa,
gracias a una que otra
cirugía,
despedía un suave aroma
a Dolce & Gabbanna.
Las manos anilladas,
apretadas con firmeza
descansaban sobre la
falda de tweed.
- Debo advertiles,
a cada uno de ustedes que,
además del legado, queda un
trámite pendiente - aclaré
con voz imperativa de
abogado en funciones.
Un temor sobrevoló en
las miradas con un leve toque
de sorpresa.
- Me han encomendado entregarle
este sobre en manos propias
cuyo contenido, debe ser de su único
y exclusivo conocimiento -
afirmé.
Lo tomó con un temblor apenas
discreto, a la par que un espejo
de sudor le iluminaba el labio
superior.
Al otro día,
mientras desayunaba en la
terraza del Alvear, leí
en la primera plana
de los diarios capitalinos,
que el marido de la susodicha
se había levantado la tapa de
los sesos, con un preciso disparo
de revólver.
ser el portador de la carta
que mostraba, claramente,
para ser entregada en mano,
un escalofrío me recorrió
de piés a cabeza.
Cuando fuimos novios
en el colegio secundario
nadie me hubiera asegurado
que, treinta años después,
sería yo, el albacea
testamentario de su padre.
Sentados en semicírculo,
junto a mi despacho,
de izquierda a derecha
me miraban, inquisidoramente,
la viuda, el hijo mayor
(un solterón empedernido),
ella y su cónyuge,
el incompetente administrador
de los fundos familiares.
Cumplidas las normas de estilo,
inicié la lectura del testamento
dictado tres años antes.
Repartidas las propiedades,
acciones y fondos de inversión,
quedaba por ejecutar
el último mandato.
Cerca de los cincuenta
perseveraba en ella
esa inquietante belleza
que me tuvo,
como bola sin manija,
en aquellos tiempos
estudiantiles.
La piel tersa,
gracias a una que otra
cirugía,
despedía un suave aroma
a Dolce & Gabbanna.
Las manos anilladas,
apretadas con firmeza
descansaban sobre la
falda de tweed.
- Debo advertiles,
a cada uno de ustedes que,
además del legado, queda un
trámite pendiente - aclaré
con voz imperativa de
abogado en funciones.
Un temor sobrevoló en
las miradas con un leve toque
de sorpresa.
- Me han encomendado entregarle
este sobre en manos propias
cuyo contenido, debe ser de su único
y exclusivo conocimiento -
afirmé.
Lo tomó con un temblor apenas
discreto, a la par que un espejo
de sudor le iluminaba el labio
superior.
Al otro día,
mientras desayunaba en la
terraza del Alvear, leí
en la primera plana
de los diarios capitalinos,
que el marido de la susodicha
se había levantado la tapa de
los sesos, con un preciso disparo
de revólver.
Sunday, July 22, 2007
Las cuádrigas del destino.
Tengo el sabor inequívoco
de la amargura
que me traspasa el corazón
de punta a punta,
sin darme cuenta que es,
simplemente, el dolor
de la soledad.
Sentado en un rincón
de la ámplia sala,
custodiado por los candelabros
de plata y las alfombras persas,
aquellas heredadas de mi abuela,
quise repasar el diario de mi vida
y encontré la hojas absolutamente
en blanco.
En ese momento, cuando las
cuádrigas del destino
avanzaron sin perder aliento,
sentí el aviso claro y preciso
que la hilacha de mi historia
se había perdido para siempre
en la polvareda del desierto.
Acudí, desesperadamente,
a escarbar en el rescoldo de
las etapas recorridas, pero
solo encontré cenizas frias
que habitaban en los
pastos húmedos.
Como las alternativas
eran muy pocas,
terminé de acomodar
la escasa ropa en la pequeña
maleta, la cerré cuidadosamente
y ,conteniendo un llanto molesto
que nacìa a borbotones,
atravesé el jardín
rumbo al puerto.
de la amargura
que me traspasa el corazón
de punta a punta,
sin darme cuenta que es,
simplemente, el dolor
de la soledad.
Sentado en un rincón
de la ámplia sala,
custodiado por los candelabros
de plata y las alfombras persas,
aquellas heredadas de mi abuela,
quise repasar el diario de mi vida
y encontré la hojas absolutamente
en blanco.
En ese momento, cuando las
cuádrigas del destino
avanzaron sin perder aliento,
sentí el aviso claro y preciso
que la hilacha de mi historia
se había perdido para siempre
en la polvareda del desierto.
Acudí, desesperadamente,
a escarbar en el rescoldo de
las etapas recorridas, pero
solo encontré cenizas frias
que habitaban en los
pastos húmedos.
Como las alternativas
eran muy pocas,
terminé de acomodar
la escasa ropa en la pequeña
maleta, la cerré cuidadosamente
y ,conteniendo un llanto molesto
que nacìa a borbotones,
atravesé el jardín
rumbo al puerto.
Sunday, July 15, 2007
Proposición
En el último escalón
del pórtico,
con las manos
en los bolsillos de la falda
y recostada en una de las
columnas,
me observó incrédula
cuando le pregunté de sopetón,
si quería casarse conmigo.
- Atrevido - me contestó
sonrojada hasta las orejas -
por hacer semejante proposición
si, muy bien lo sabes,
me caso mañana y tú eres
uno de mis testigos -
- Justamento por eso - respondí -
No quisera jurar en vano.
del pórtico,
con las manos
en los bolsillos de la falda
y recostada en una de las
columnas,
me observó incrédula
cuando le pregunté de sopetón,
si quería casarse conmigo.
- Atrevido - me contestó
sonrojada hasta las orejas -
por hacer semejante proposición
si, muy bien lo sabes,
me caso mañana y tú eres
uno de mis testigos -
- Justamento por eso - respondí -
No quisera jurar en vano.
Sunday, July 08, 2007
La esquela
Abrió el tintero
casi con miedo,
temeroso que la tinta
salpicara las ideas
que, cual difusas tremolinas,
habitaban en el maremágnum
de su conciencia.
Mojó la pluma
con mano vacilante
y empezó a redactar
la esquela en papel
de fino gramaje.
Los blancos cortinados
del ventanal florido
se mecían con
la brisa de la mañana.
Un rayo de sol
caía, displicente, sobre
el escribiente,
como musa inspiradora.
Firmó el escrito,
lo dobló cuidadosamente
depositándolo en sobre
de tonos marfilados.
Estampó el nombre
del destinatario
y lo guardó en el bolsillo
interior de la chaqueta.
Tomó el sombrero,
mirose, al pasar, en el
ámplio espejo de pared,
empuñó el bastón de palo santo
y se fue,
dejanto un hálito fantasmal
en el largo corredor de salida.
casi con miedo,
temeroso que la tinta
salpicara las ideas
que, cual difusas tremolinas,
habitaban en el maremágnum
de su conciencia.
Mojó la pluma
con mano vacilante
y empezó a redactar
la esquela en papel
de fino gramaje.
Los blancos cortinados
del ventanal florido
se mecían con
la brisa de la mañana.
Un rayo de sol
caía, displicente, sobre
el escribiente,
como musa inspiradora.
Firmó el escrito,
lo dobló cuidadosamente
depositándolo en sobre
de tonos marfilados.
Estampó el nombre
del destinatario
y lo guardó en el bolsillo
interior de la chaqueta.
Tomó el sombrero,
mirose, al pasar, en el
ámplio espejo de pared,
empuñó el bastón de palo santo
y se fue,
dejanto un hálito fantasmal
en el largo corredor de salida.
Sunday, July 01, 2007
La noche de San Juan
La noche de San Juan,
en medio del jolgorio
las copas y la parranda,
se nos ocurrió entrar
a ese boliche que,
además de los tragos,
ofrecían lecturas del Tarot,
borras de café
y las líneas de las manos.
Ella insistió que le adivinaran
el futuro,
pero no decidía con cual
de las pruebas arriesgarse.
Le sugerí que hacerlas todas
aseguraba un equilibrio perfecto,
entre lo real y lo imaginario.
Me miró largamente,
pensó un instante
y resolvió beberse un mojito
en lugar de preguntar
a los augures.
- ¿ Por qué ? - requerí,
curioso.
Sonrió con un dejo de ironía
y me respondió, riendo:
- Tengo miedo intentarlo
y que me mientan diciéndome
lo mucho que me amas.
en medio del jolgorio
las copas y la parranda,
se nos ocurrió entrar
a ese boliche que,
además de los tragos,
ofrecían lecturas del Tarot,
borras de café
y las líneas de las manos.
Ella insistió que le adivinaran
el futuro,
pero no decidía con cual
de las pruebas arriesgarse.
Le sugerí que hacerlas todas
aseguraba un equilibrio perfecto,
entre lo real y lo imaginario.
Me miró largamente,
pensó un instante
y resolvió beberse un mojito
en lugar de preguntar
a los augures.
- ¿ Por qué ? - requerí,
curioso.
Sonrió con un dejo de ironía
y me respondió, riendo:
- Tengo miedo intentarlo
y que me mientan diciéndome
lo mucho que me amas.
Sunday, June 24, 2007
El cañaveral
Pasando el cañaveral
al costado del camino viejo
se encontraron,
una mañana de octubre,
el dueño del ingenio
montado a caballo
y el tractorista
que venía de a pié.
En uno de los escalones
de la historia pueblerina
arrancaba el encono
entre aquellos hombres
con fama de pendencieros.
Las lenguas viperinas,
amoladas todos los días
en las puertas del mercado
relataban que Salvador
- el patrón -
saltando el cerco
en el rancho de José,
- el del tractor -
y sin pedir permiso,
había desflorado
a las hermana de quince años.
La niña en cuestión
nunca denunció el episodio
y cuando el embarazo
se hizo notorio,
siguió tan impasible
como entonces.
El niño vivió unas horas
y el angelito fue sepultado
con los gastos pagos
por el sospechado, según decían.
A pesar del silencio
todo el mundo sabía que,
en algún momento,
las cuentas iban a quedar
saldadas.
Cuando el zaino regresó
sin el jinete
a las puertas del caserón
de blancos pilares,
alguien comentó que Salvador
cayose del caballo
cuando una cascabel
apareció de sorpresa.
al costado del camino viejo
se encontraron,
una mañana de octubre,
el dueño del ingenio
montado a caballo
y el tractorista
que venía de a pié.
En uno de los escalones
de la historia pueblerina
arrancaba el encono
entre aquellos hombres
con fama de pendencieros.
Las lenguas viperinas,
amoladas todos los días
en las puertas del mercado
relataban que Salvador
- el patrón -
saltando el cerco
en el rancho de José,
- el del tractor -
y sin pedir permiso,
había desflorado
a las hermana de quince años.
La niña en cuestión
nunca denunció el episodio
y cuando el embarazo
se hizo notorio,
siguió tan impasible
como entonces.
El niño vivió unas horas
y el angelito fue sepultado
con los gastos pagos
por el sospechado, según decían.
A pesar del silencio
todo el mundo sabía que,
en algún momento,
las cuentas iban a quedar
saldadas.
Cuando el zaino regresó
sin el jinete
a las puertas del caserón
de blancos pilares,
alguien comentó que Salvador
cayose del caballo
cuando una cascabel
apareció de sorpresa.
Sunday, June 17, 2007
El linyera
El semblante abotagado por el alcohol,
la naríz rota en alguna disputa callejera
y la miseria concentrada
en toda su geografía,
asienta su humanidad
en mitad de vereda,
a escasos metros de mi trabajo.
En un carro de supermercado
guarda sus pertenencias
perfectamente ordenadas
como tesoro bien custodiado.
Se sienta en el vano
de una puerta ciega
sobre varias frazadas
descoloridas por el uso
y, en este crudo invierno
parece no sentir la humedad
que castiga el ambiente.
Colgada del cuello
una antigua radio portátil
y un libro apoyado en un costado,
delatan la chispa de esa hoguera
que dejó encendida
en algún ignoto recodo.
No pide limosnas y,
cuando paso apurando el paso
todas las mañanas,
me observa con ojos tristísimos
como para señalarme,
con conocimiento de causa,
que los límites entre sus
manos hinchadas, temblorosas
y mis zapatos recién lustrados,
no son nada más
ni nada menos
que un simple golpe de timón.
la naríz rota en alguna disputa callejera
y la miseria concentrada
en toda su geografía,
asienta su humanidad
en mitad de vereda,
a escasos metros de mi trabajo.
En un carro de supermercado
guarda sus pertenencias
perfectamente ordenadas
como tesoro bien custodiado.
Se sienta en el vano
de una puerta ciega
sobre varias frazadas
descoloridas por el uso
y, en este crudo invierno
parece no sentir la humedad
que castiga el ambiente.
Colgada del cuello
una antigua radio portátil
y un libro apoyado en un costado,
delatan la chispa de esa hoguera
que dejó encendida
en algún ignoto recodo.
No pide limosnas y,
cuando paso apurando el paso
todas las mañanas,
me observa con ojos tristísimos
como para señalarme,
con conocimiento de causa,
que los límites entre sus
manos hinchadas, temblorosas
y mis zapatos recién lustrados,
no son nada más
ni nada menos
que un simple golpe de timón.
Sunday, June 10, 2007
Los hijos del viento o los desaparecidos del 76
Suelo pensar que eres el hijo
que acudes en busca de ese
extraño temblor imaginado
en el dolor de la distancia.
Como el aliento sobre la frente,
o las sombras exprimidas de la tarde,
o los cuentos de hadas,
o el murmullo de la llovizna
o una mata de pelo oscuro.
¿Cómo son los hijos del viento
señor de los siglos?
¿Serán como la tierra
de esa patria extinguida?
¿Serán como la luz
de los faroles blancos, o
la fuerza de la montaña?
En la vereda de ese rostro
quiero encontrar la definición,
casi perfecta,
mientras una sensación
de frío y llanto me hace tiritar
sobre la grupa
de un corcel azabache.
que acudes en busca de ese
extraño temblor imaginado
en el dolor de la distancia.
Como el aliento sobre la frente,
o las sombras exprimidas de la tarde,
o los cuentos de hadas,
o el murmullo de la llovizna
o una mata de pelo oscuro.
¿Cómo son los hijos del viento
señor de los siglos?
¿Serán como la tierra
de esa patria extinguida?
¿Serán como la luz
de los faroles blancos, o
la fuerza de la montaña?
En la vereda de ese rostro
quiero encontrar la definición,
casi perfecta,
mientras una sensación
de frío y llanto me hace tiritar
sobre la grupa
de un corcel azabache.
Sunday, June 03, 2007
La consulta
Por imperio de la estirpe,
la bautizaron con los nombre
de las dos abuelas.
Creció mecida en cuna de oro
y no sufrió el estío inclemente de enero
ni las heladas implacables
en las madrugadas de julio.
Fue una niña modelo
en aplicación y conducta.
No conoció el monopatín de madera,
pero sí, la bicicleta con cambios
que la hacía sobresalir a ojos vista
de los demás niños,
que con enojosa destreza
le regalábamos los cuernitos
de la mala suerte.
Cuando cumplió los quince
trepamos a la muralla lindera
para envidiar esa demostración
de buen gusto y elegancia parisina.
Los años fueron pasando
igual que en la vida y en los cuentos.
Un día cualquiera,
al llegar a mi consulta,
ví su nombre anotado
para el primer turno de la mañana.
Cuando entró al despacho
la reconocí al instante:
los mismo ojos verdes,
el pelo rubio trigo
y una divina figura
que me hizo suspirar
muy hondo.
Claro, ella no pudo hacer
lo mismo conmigo.
Con el bastón blanco,
tanteando los muebles
y, muy cuidadosamente,
se acercó a la silla
con la mirada perdida
en un vacío infinito.
la bautizaron con los nombre
de las dos abuelas.
Creció mecida en cuna de oro
y no sufrió el estío inclemente de enero
ni las heladas implacables
en las madrugadas de julio.
Fue una niña modelo
en aplicación y conducta.
No conoció el monopatín de madera,
pero sí, la bicicleta con cambios
que la hacía sobresalir a ojos vista
de los demás niños,
que con enojosa destreza
le regalábamos los cuernitos
de la mala suerte.
Cuando cumplió los quince
trepamos a la muralla lindera
para envidiar esa demostración
de buen gusto y elegancia parisina.
Los años fueron pasando
igual que en la vida y en los cuentos.
Un día cualquiera,
al llegar a mi consulta,
ví su nombre anotado
para el primer turno de la mañana.
Cuando entró al despacho
la reconocí al instante:
los mismo ojos verdes,
el pelo rubio trigo
y una divina figura
que me hizo suspirar
muy hondo.
Claro, ella no pudo hacer
lo mismo conmigo.
Con el bastón blanco,
tanteando los muebles
y, muy cuidadosamente,
se acercó a la silla
con la mirada perdida
en un vacío infinito.
Sunday, May 27, 2007
El último aliento
Cuando intuí
que la batalla estaba perdida
no me abrogué el derecho
de pelear hasta
el último aliento.
Escribí una carta manuscrita
para que no quedaran dudas,
guardé su fotografía
entre las hojas de un libro
y me fuí en el primer tren
de la mañana,
rumbo a los lagos del sur.
que la batalla estaba perdida
no me abrogué el derecho
de pelear hasta
el último aliento.
Escribí una carta manuscrita
para que no quedaran dudas,
guardé su fotografía
entre las hojas de un libro
y me fuí en el primer tren
de la mañana,
rumbo a los lagos del sur.
Sunday, May 20, 2007
La visita
Se dió cuenta
que esa herida era tan profunda
que no dejaba alternativas
para salvar aquel amor.
Aspiró profundamente
y entró al domitorio.
Miróse largamente
en el espejo de marco
amarfilado,
se enjugó las lágrimas,
hizo añicos la angustia
que le hendía el alma
y abrió con cuidado
el cajón del secreter.
Allí,
sobre un paño de terciopelo,
reposaba la pistola
con cachas de nácar,
heredada de su padre.
Cargó el arma
y la guardó en el bolso de pecarí.
Encendió un Dunhill,
caminó hasta el alféizar
de la ventana
y esperó el llamado
telefónico.
Cuando le avisaron
que la visita estaba llegando,
entreabrió el bolso
y lo dejó al alcance
de las manos,
mientras apagaba el cigarrillo
en cenicero de plata.
que esa herida era tan profunda
que no dejaba alternativas
para salvar aquel amor.
Aspiró profundamente
y entró al domitorio.
Miróse largamente
en el espejo de marco
amarfilado,
se enjugó las lágrimas,
hizo añicos la angustia
que le hendía el alma
y abrió con cuidado
el cajón del secreter.
Allí,
sobre un paño de terciopelo,
reposaba la pistola
con cachas de nácar,
heredada de su padre.
Cargó el arma
y la guardó en el bolso de pecarí.
Encendió un Dunhill,
caminó hasta el alféizar
de la ventana
y esperó el llamado
telefónico.
Cuando le avisaron
que la visita estaba llegando,
entreabrió el bolso
y lo dejó al alcance
de las manos,
mientras apagaba el cigarrillo
en cenicero de plata.
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