La noche de San Juan,
en medio del jolgorio
las copas y la parranda,
se nos ocurrió entrar
a ese boliche que,
además de los tragos,
ofrecían lecturas del Tarot,
borras de café
y las líneas de las manos.
Ella insistió que le adivinaran
el futuro,
pero no decidía con cual
de las pruebas arriesgarse.
Le sugerí que hacerlas todas
aseguraba un equilibrio perfecto,
entre lo real y lo imaginario.
Me miró largamente,
pensó un instante
y resolvió beberse un mojito
en lugar de preguntar
a los augures.
- ¿ Por qué ? - requerí,
curioso.
Sonrió con un dejo de ironía
y me respondió, riendo:
- Tengo miedo intentarlo
y que me mientan diciéndome
lo mucho que me amas.
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Sunday, July 01, 2007
Sunday, June 24, 2007
El cañaveral
Pasando el cañaveral
al costado del camino viejo
se encontraron,
una mañana de octubre,
el dueño del ingenio
montado a caballo
y el tractorista
que venía de a pié.
En uno de los escalones
de la historia pueblerina
arrancaba el encono
entre aquellos hombres
con fama de pendencieros.
Las lenguas viperinas,
amoladas todos los días
en las puertas del mercado
relataban que Salvador
- el patrón -
saltando el cerco
en el rancho de José,
- el del tractor -
y sin pedir permiso,
había desflorado
a las hermana de quince años.
La niña en cuestión
nunca denunció el episodio
y cuando el embarazo
se hizo notorio,
siguió tan impasible
como entonces.
El niño vivió unas horas
y el angelito fue sepultado
con los gastos pagos
por el sospechado, según decían.
A pesar del silencio
todo el mundo sabía que,
en algún momento,
las cuentas iban a quedar
saldadas.
Cuando el zaino regresó
sin el jinete
a las puertas del caserón
de blancos pilares,
alguien comentó que Salvador
cayose del caballo
cuando una cascabel
apareció de sorpresa.
al costado del camino viejo
se encontraron,
una mañana de octubre,
el dueño del ingenio
montado a caballo
y el tractorista
que venía de a pié.
En uno de los escalones
de la historia pueblerina
arrancaba el encono
entre aquellos hombres
con fama de pendencieros.
Las lenguas viperinas,
amoladas todos los días
en las puertas del mercado
relataban que Salvador
- el patrón -
saltando el cerco
en el rancho de José,
- el del tractor -
y sin pedir permiso,
había desflorado
a las hermana de quince años.
La niña en cuestión
nunca denunció el episodio
y cuando el embarazo
se hizo notorio,
siguió tan impasible
como entonces.
El niño vivió unas horas
y el angelito fue sepultado
con los gastos pagos
por el sospechado, según decían.
A pesar del silencio
todo el mundo sabía que,
en algún momento,
las cuentas iban a quedar
saldadas.
Cuando el zaino regresó
sin el jinete
a las puertas del caserón
de blancos pilares,
alguien comentó que Salvador
cayose del caballo
cuando una cascabel
apareció de sorpresa.
Sunday, June 17, 2007
El linyera
El semblante abotagado por el alcohol,
la naríz rota en alguna disputa callejera
y la miseria concentrada
en toda su geografía,
asienta su humanidad
en mitad de vereda,
a escasos metros de mi trabajo.
En un carro de supermercado
guarda sus pertenencias
perfectamente ordenadas
como tesoro bien custodiado.
Se sienta en el vano
de una puerta ciega
sobre varias frazadas
descoloridas por el uso
y, en este crudo invierno
parece no sentir la humedad
que castiga el ambiente.
Colgada del cuello
una antigua radio portátil
y un libro apoyado en un costado,
delatan la chispa de esa hoguera
que dejó encendida
en algún ignoto recodo.
No pide limosnas y,
cuando paso apurando el paso
todas las mañanas,
me observa con ojos tristísimos
como para señalarme,
con conocimiento de causa,
que los límites entre sus
manos hinchadas, temblorosas
y mis zapatos recién lustrados,
no son nada más
ni nada menos
que un simple golpe de timón.
la naríz rota en alguna disputa callejera
y la miseria concentrada
en toda su geografía,
asienta su humanidad
en mitad de vereda,
a escasos metros de mi trabajo.
En un carro de supermercado
guarda sus pertenencias
perfectamente ordenadas
como tesoro bien custodiado.
Se sienta en el vano
de una puerta ciega
sobre varias frazadas
descoloridas por el uso
y, en este crudo invierno
parece no sentir la humedad
que castiga el ambiente.
Colgada del cuello
una antigua radio portátil
y un libro apoyado en un costado,
delatan la chispa de esa hoguera
que dejó encendida
en algún ignoto recodo.
No pide limosnas y,
cuando paso apurando el paso
todas las mañanas,
me observa con ojos tristísimos
como para señalarme,
con conocimiento de causa,
que los límites entre sus
manos hinchadas, temblorosas
y mis zapatos recién lustrados,
no son nada más
ni nada menos
que un simple golpe de timón.
Sunday, June 10, 2007
Los hijos del viento o los desaparecidos del 76
Suelo pensar que eres el hijo
que acudes en busca de ese
extraño temblor imaginado
en el dolor de la distancia.
Como el aliento sobre la frente,
o las sombras exprimidas de la tarde,
o los cuentos de hadas,
o el murmullo de la llovizna
o una mata de pelo oscuro.
¿Cómo son los hijos del viento
señor de los siglos?
¿Serán como la tierra
de esa patria extinguida?
¿Serán como la luz
de los faroles blancos, o
la fuerza de la montaña?
En la vereda de ese rostro
quiero encontrar la definición,
casi perfecta,
mientras una sensación
de frío y llanto me hace tiritar
sobre la grupa
de un corcel azabache.
que acudes en busca de ese
extraño temblor imaginado
en el dolor de la distancia.
Como el aliento sobre la frente,
o las sombras exprimidas de la tarde,
o los cuentos de hadas,
o el murmullo de la llovizna
o una mata de pelo oscuro.
¿Cómo son los hijos del viento
señor de los siglos?
¿Serán como la tierra
de esa patria extinguida?
¿Serán como la luz
de los faroles blancos, o
la fuerza de la montaña?
En la vereda de ese rostro
quiero encontrar la definición,
casi perfecta,
mientras una sensación
de frío y llanto me hace tiritar
sobre la grupa
de un corcel azabache.
Sunday, June 03, 2007
La consulta
Por imperio de la estirpe,
la bautizaron con los nombre
de las dos abuelas.
Creció mecida en cuna de oro
y no sufrió el estío inclemente de enero
ni las heladas implacables
en las madrugadas de julio.
Fue una niña modelo
en aplicación y conducta.
No conoció el monopatín de madera,
pero sí, la bicicleta con cambios
que la hacía sobresalir a ojos vista
de los demás niños,
que con enojosa destreza
le regalábamos los cuernitos
de la mala suerte.
Cuando cumplió los quince
trepamos a la muralla lindera
para envidiar esa demostración
de buen gusto y elegancia parisina.
Los años fueron pasando
igual que en la vida y en los cuentos.
Un día cualquiera,
al llegar a mi consulta,
ví su nombre anotado
para el primer turno de la mañana.
Cuando entró al despacho
la reconocí al instante:
los mismo ojos verdes,
el pelo rubio trigo
y una divina figura
que me hizo suspirar
muy hondo.
Claro, ella no pudo hacer
lo mismo conmigo.
Con el bastón blanco,
tanteando los muebles
y, muy cuidadosamente,
se acercó a la silla
con la mirada perdida
en un vacío infinito.
la bautizaron con los nombre
de las dos abuelas.
Creció mecida en cuna de oro
y no sufrió el estío inclemente de enero
ni las heladas implacables
en las madrugadas de julio.
Fue una niña modelo
en aplicación y conducta.
No conoció el monopatín de madera,
pero sí, la bicicleta con cambios
que la hacía sobresalir a ojos vista
de los demás niños,
que con enojosa destreza
le regalábamos los cuernitos
de la mala suerte.
Cuando cumplió los quince
trepamos a la muralla lindera
para envidiar esa demostración
de buen gusto y elegancia parisina.
Los años fueron pasando
igual que en la vida y en los cuentos.
Un día cualquiera,
al llegar a mi consulta,
ví su nombre anotado
para el primer turno de la mañana.
Cuando entró al despacho
la reconocí al instante:
los mismo ojos verdes,
el pelo rubio trigo
y una divina figura
que me hizo suspirar
muy hondo.
Claro, ella no pudo hacer
lo mismo conmigo.
Con el bastón blanco,
tanteando los muebles
y, muy cuidadosamente,
se acercó a la silla
con la mirada perdida
en un vacío infinito.
Sunday, May 27, 2007
El último aliento
Cuando intuí
que la batalla estaba perdida
no me abrogué el derecho
de pelear hasta
el último aliento.
Escribí una carta manuscrita
para que no quedaran dudas,
guardé su fotografía
entre las hojas de un libro
y me fuí en el primer tren
de la mañana,
rumbo a los lagos del sur.
que la batalla estaba perdida
no me abrogué el derecho
de pelear hasta
el último aliento.
Escribí una carta manuscrita
para que no quedaran dudas,
guardé su fotografía
entre las hojas de un libro
y me fuí en el primer tren
de la mañana,
rumbo a los lagos del sur.
Sunday, May 20, 2007
La visita
Se dió cuenta
que esa herida era tan profunda
que no dejaba alternativas
para salvar aquel amor.
Aspiró profundamente
y entró al domitorio.
Miróse largamente
en el espejo de marco
amarfilado,
se enjugó las lágrimas,
hizo añicos la angustia
que le hendía el alma
y abrió con cuidado
el cajón del secreter.
Allí,
sobre un paño de terciopelo,
reposaba la pistola
con cachas de nácar,
heredada de su padre.
Cargó el arma
y la guardó en el bolso de pecarí.
Encendió un Dunhill,
caminó hasta el alféizar
de la ventana
y esperó el llamado
telefónico.
Cuando le avisaron
que la visita estaba llegando,
entreabrió el bolso
y lo dejó al alcance
de las manos,
mientras apagaba el cigarrillo
en cenicero de plata.
que esa herida era tan profunda
que no dejaba alternativas
para salvar aquel amor.
Aspiró profundamente
y entró al domitorio.
Miróse largamente
en el espejo de marco
amarfilado,
se enjugó las lágrimas,
hizo añicos la angustia
que le hendía el alma
y abrió con cuidado
el cajón del secreter.
Allí,
sobre un paño de terciopelo,
reposaba la pistola
con cachas de nácar,
heredada de su padre.
Cargó el arma
y la guardó en el bolso de pecarí.
Encendió un Dunhill,
caminó hasta el alféizar
de la ventana
y esperó el llamado
telefónico.
Cuando le avisaron
que la visita estaba llegando,
entreabrió el bolso
y lo dejó al alcance
de las manos,
mientras apagaba el cigarrillo
en cenicero de plata.
Monday, May 14, 2007
La duda
El pincel de tu mirada
describió una parábola
en los peldaños de mármol,
mientras bajabas, bella y elegante,
las escaleras del salón,
adornado con los azahares de tu boda.
Mientas viva, quedaré con la sensación
de sentir ese clavo candente
perforando la duda de saber
si te habías casado con otro,
porque olvidaste aquella primavera
tan nuestra en las calles de Jaén.
describió una parábola
en los peldaños de mármol,
mientras bajabas, bella y elegante,
las escaleras del salón,
adornado con los azahares de tu boda.
Mientas viva, quedaré con la sensación
de sentir ese clavo candente
perforando la duda de saber
si te habías casado con otro,
porque olvidaste aquella primavera
tan nuestra en las calles de Jaén.
Sunday, May 06, 2007
El nudo
Cuánta razón tuviste cuando,
arrugando el pañuelo de seda
entre tus manos,
me referiste con voz tremulante
los temores sobre tu hermana.
Me dijiste que la notabas rara,
nerviosa, perdida en sus pensamientos,
absorta en medio de tantas preguntas
y sin atinar a dar respuestas.
Ella que siempre fue franca,
alegre, con castañuelas en los labios
y luz permanente en la mirada,
hoy deambula por la vida
como un fantasma sin rumbo.
Solamente pude abrazarte muy fuerte
porque un nudo me apretaba la garganta
y no podía explicarte con palabras adecuadas,
que tu hermana y yo,
nos amábamos al borde de la locura;
que el hijo concebido
en el vendaval de nuestros encuentros,
tuvo que evitarse entre los oscuros
ribetes de la cobardía,
que nos impidieron enfrentar al mundo,
donde la mochila infame del remordimiento,
terminará hundiéndonos para siempre.
Nota: Estaré ausente entre el 9 y el 14 de mayo.
arrugando el pañuelo de seda
entre tus manos,
me referiste con voz tremulante
los temores sobre tu hermana.
Me dijiste que la notabas rara,
nerviosa, perdida en sus pensamientos,
absorta en medio de tantas preguntas
y sin atinar a dar respuestas.
Ella que siempre fue franca,
alegre, con castañuelas en los labios
y luz permanente en la mirada,
hoy deambula por la vida
como un fantasma sin rumbo.
Solamente pude abrazarte muy fuerte
porque un nudo me apretaba la garganta
y no podía explicarte con palabras adecuadas,
que tu hermana y yo,
nos amábamos al borde de la locura;
que el hijo concebido
en el vendaval de nuestros encuentros,
tuvo que evitarse entre los oscuros
ribetes de la cobardía,
que nos impidieron enfrentar al mundo,
donde la mochila infame del remordimiento,
terminará hundiéndonos para siempre.
Nota: Estaré ausente entre el 9 y el 14 de mayo.
Sunday, April 29, 2007
Celos (III)
La lumbre del cigarro
delataba una figura
en la penumbra como
presagio del alba.
Era el segundo pitillo
que gastaba desde la
medianoche, mientras
la tensa espera,
olía a tabaco y revancha.
Horas atrás, en el velorio
del tuerto Gutiérrez,
le birlaron la dama.
Cuando intentó dar los pésames
a la pulposa hija del finado,
su imaginaria pretendida,
el encargado del guinche,
le ganó de mano.
Más veterano en esas lides,
el guinchero de labia entradora,
acaparó la atención de la
desconsolada niña,
casi toda la noche.
Por esa razón
y unas cuantas más
que no valían la pena recordar,
el desdichado galán,
con los puños bien apretados,
aguardaba la salida del susodicho,
para arreglar cuentas, si posible,
por las malas y no por las buenas.
delataba una figura
en la penumbra como
presagio del alba.
Era el segundo pitillo
que gastaba desde la
medianoche, mientras
la tensa espera,
olía a tabaco y revancha.
Horas atrás, en el velorio
del tuerto Gutiérrez,
le birlaron la dama.
Cuando intentó dar los pésames
a la pulposa hija del finado,
su imaginaria pretendida,
el encargado del guinche,
le ganó de mano.
Más veterano en esas lides,
el guinchero de labia entradora,
acaparó la atención de la
desconsolada niña,
casi toda la noche.
Por esa razón
y unas cuantas más
que no valían la pena recordar,
el desdichado galán,
con los puños bien apretados,
aguardaba la salida del susodicho,
para arreglar cuentas, si posible,
por las malas y no por las buenas.
Sunday, April 22, 2007
Cuerpo y alma
Tuya y mía
son las vertientes
de la cascada que inunda
cuerpo y alma.
Las gotas cristalinas
se convierten en diamantes
cuando el sol se hace oro
en el vacilar de tu vientre.
Mientras la voluta del amor
se transforma en ilusión y conjuro,
nuestras historias quedan atrapadas
en el blanco de la arena.
son las vertientes
de la cascada que inunda
cuerpo y alma.
Las gotas cristalinas
se convierten en diamantes
cuando el sol se hace oro
en el vacilar de tu vientre.
Mientras la voluta del amor
se transforma en ilusión y conjuro,
nuestras historias quedan atrapadas
en el blanco de la arena.
Sunday, April 15, 2007
Gaviota marinera
Cuando la marea
trajo los últimos
restos del naufragio,
mi amor por aquella
extraña dama,
estaba soltando amarras
en el malecón de los
recuerdos.
Todas las noches
la sueño entre el tendal
de aquellas dalias en flor
o bebiendo
juntos una taza
de café humeante y
casi hirviendo.
Ella vive en cualquier
rincón de mis silencios
y en la intensidad de los
amaneceres salpicados
con el vaivén de las
estrellas.
A pesar de todo,
no la puedo encontrar,
porque una gaviota marinera
la escondió en las rocas
quemadas por el sol
de la tarde.
trajo los últimos
restos del naufragio,
mi amor por aquella
extraña dama,
estaba soltando amarras
en el malecón de los
recuerdos.
Todas las noches
la sueño entre el tendal
de aquellas dalias en flor
o bebiendo
juntos una taza
de café humeante y
casi hirviendo.
Ella vive en cualquier
rincón de mis silencios
y en la intensidad de los
amaneceres salpicados
con el vaivén de las
estrellas.
A pesar de todo,
no la puedo encontrar,
porque una gaviota marinera
la escondió en las rocas
quemadas por el sol
de la tarde.
Sunday, April 08, 2007
La estadística
Aprendió a sobrevivir
entre chapas herrumbradas,
barro mezclado con orín
y el hambre prendido
a sus talones.
Creció, a pesar
de los pronósticos
y estadísticas desalentadoras.
Conoció los códigos
de la violencia
porque vivir en paz
era una utopía
enganchada al dolor
de sus riñones,
golpeados por los
palazos de un padre
borracho.
No sabe del olor
a sábanas limpias
ni la sonrisa de una madre
cargada de hijos
y amargada por
los surcos del destino.
Camina, lentamente,
todas las tardes
por la calle de mi casa
arrastrando un carro
maltrecho con la cosecha
del día, en las bolsas de
basura.
Muchos le tienen miedo,
otros lo miran con desconfianza
y, algunos, con la indiferencia
castiza del que tiene todo.
entre chapas herrumbradas,
barro mezclado con orín
y el hambre prendido
a sus talones.
Creció, a pesar
de los pronósticos
y estadísticas desalentadoras.
Conoció los códigos
de la violencia
porque vivir en paz
era una utopía
enganchada al dolor
de sus riñones,
golpeados por los
palazos de un padre
borracho.
No sabe del olor
a sábanas limpias
ni la sonrisa de una madre
cargada de hijos
y amargada por
los surcos del destino.
Camina, lentamente,
todas las tardes
por la calle de mi casa
arrastrando un carro
maltrecho con la cosecha
del día, en las bolsas de
basura.
Muchos le tienen miedo,
otros lo miran con desconfianza
y, algunos, con la indiferencia
castiza del que tiene todo.
Sunday, April 01, 2007
El patrón de la esquina
Lo llamaban
el patrón de la esquina,
porque no hubo machito
que le birlara el puesto.
Andaba pisando la docena
y media de años,
buen físico,
pardito pero pintón,
mirada algo torva y
con la columna del alumbrado
como territorio a partir de que
el sol se perdía entre
las casas bajas.
Durante dos veranos
fue el príncipe del empedrado
y el ganador absoluto de cualquier
entrevero que le pusieran a mano.
Un día lo reclutaron para la
tropa de frontera y,
varios meses despúes,
el vendedor de helados
nos contó que lo habían
matado en una revuelta
cuartelera.
el patrón de la esquina,
porque no hubo machito
que le birlara el puesto.
Andaba pisando la docena
y media de años,
buen físico,
pardito pero pintón,
mirada algo torva y
con la columna del alumbrado
como territorio a partir de que
el sol se perdía entre
las casas bajas.
Durante dos veranos
fue el príncipe del empedrado
y el ganador absoluto de cualquier
entrevero que le pusieran a mano.
Un día lo reclutaron para la
tropa de frontera y,
varios meses despúes,
el vendedor de helados
nos contó que lo habían
matado en una revuelta
cuartelera.
Sunday, March 25, 2007
Las hadas
( a Antonia, Candela y Maira)
Tres hadas convergieron
en el triángulo de la esquina
donde, tropezando con los
escombros, avanzaba el
hombre golpeado por las
sombras de la noche.
Y le encomendaron
la tarea de reescribir
su historia con el tintineo
de las estrellas y la pluma
que el ruiseñor abandonó
en las paredes despintadas.
Pasmado ante la luz
que despedían las flamígeras
doncellas,
no supo qué responder.
Entendió, simplemente,
en la niebla que galopaba
por su alma perdida,
era aquella,
la última oportunidad.
Tres hadas convergieron
en el triángulo de la esquina
donde, tropezando con los
escombros, avanzaba el
hombre golpeado por las
sombras de la noche.
Y le encomendaron
la tarea de reescribir
su historia con el tintineo
de las estrellas y la pluma
que el ruiseñor abandonó
en las paredes despintadas.
Pasmado ante la luz
que despedían las flamígeras
doncellas,
no supo qué responder.
Entendió, simplemente,
en la niebla que galopaba
por su alma perdida,
era aquella,
la última oportunidad.
Sunday, March 18, 2007
El vals de los novios
Cuando lo vi levantarse
para danzar con su
nieta-novia,
el vals de los novios,
la radiografía de su vida
hizo doble clic en los cuentos
escuchados en rueda de familia.
Abandonó su casa,
cuando su hija aún gateaba.
Nadie supo las razones
ni alma prudente que las
preguntara.
Se perdió en la memoria
de todos pero, un día,
años después, esa hija ya adulta
lo ubicó en otro nido y como
las vueltas del destino
dan sorpresas infinitas,
no le pidió razones y le
ofreció desandar el camino.
Y ahí está rumbo a enlazar el
talle de esta novia y si la media luz
no me engaña, alguna lágrima perdida
se ha quedado sobre el mantel de hilo.
para danzar con su
nieta-novia,
el vals de los novios,
la radiografía de su vida
hizo doble clic en los cuentos
escuchados en rueda de familia.
Abandonó su casa,
cuando su hija aún gateaba.
Nadie supo las razones
ni alma prudente que las
preguntara.
Se perdió en la memoria
de todos pero, un día,
años después, esa hija ya adulta
lo ubicó en otro nido y como
las vueltas del destino
dan sorpresas infinitas,
no le pidió razones y le
ofreció desandar el camino.
Y ahí está rumbo a enlazar el
talle de esta novia y si la media luz
no me engaña, alguna lágrima perdida
se ha quedado sobre el mantel de hilo.
Monday, March 12, 2007
Historias comunes (V)
Quebrada el alma
por las infamias que
el infortunio le había regalado,
abrió las puertas del silencio y,
acercándose a los límites
de la locura,
reparte facturas
verdaderas o inventadas.
Lo llaman el loquito
de los reproches y cuando
algún transeúnte se acerca
desapercibido, una retahila
en jeringoza le persigue
unos cuantos metros.
Guarda, sí,
una compostura especial
de galán estrafalario
frente a las damas,
jóvenes o viejas,
que osan caminar
por esa cuadra.
Se saca la gorra pringosa
y en reverencia casi
chaplinesca, las deja pasar
con una sonrisa ámplia y
desdentada.
por las infamias que
el infortunio le había regalado,
abrió las puertas del silencio y,
acercándose a los límites
de la locura,
reparte facturas
verdaderas o inventadas.
Lo llaman el loquito
de los reproches y cuando
algún transeúnte se acerca
desapercibido, una retahila
en jeringoza le persigue
unos cuantos metros.
Guarda, sí,
una compostura especial
de galán estrafalario
frente a las damas,
jóvenes o viejas,
que osan caminar
por esa cuadra.
Se saca la gorra pringosa
y en reverencia casi
chaplinesca, las deja pasar
con una sonrisa ámplia y
desdentada.
Sunday, March 04, 2007
La partición
La voz grave del notario
de fe pública
y de primera clase,
sonó pausada,
al leer los términos
del acuerdo de partes.
Las propiedades de la
hacienda ubicada
en la carretera norte
seguía en poder de
Joaquín, ya que,
los bienes propios
no eran tema de
discusión.
El mismo criterio
se aplicó con la fábrica
de herrajes, recibida
por Patricia en el legado
de su padre,
siendo soltera.
La partición del resto
se hizo conforme a derecho
y cada uno estampó su firma
ante la atenta mirada
del escribano, quien,
prolijamente, dió fe de todo
los actuado.
Cuando el actuario
estaba cerrando el acto,
preguntó de improviso,
con voz casi neutra:
-¿ Y con los niños qué hacemos?-
de fe pública
y de primera clase,
sonó pausada,
al leer los términos
del acuerdo de partes.
Las propiedades de la
hacienda ubicada
en la carretera norte
seguía en poder de
Joaquín, ya que,
los bienes propios
no eran tema de
discusión.
El mismo criterio
se aplicó con la fábrica
de herrajes, recibida
por Patricia en el legado
de su padre,
siendo soltera.
La partición del resto
se hizo conforme a derecho
y cada uno estampó su firma
ante la atenta mirada
del escribano, quien,
prolijamente, dió fe de todo
los actuado.
Cuando el actuario
estaba cerrando el acto,
preguntó de improviso,
con voz casi neutra:
-¿ Y con los niños qué hacemos?-
Sunday, February 25, 2007
Cuentas pendientes
Volvió para saldar cuentas
pendientes de un pasado
que no podía olvidar.
La ciudad había cambiado
después de casi treinta
años y le costaba
ubicarse en su antiguo
barrio cerca del río.
Con paciencia encontró
la calle donde pasaba
el tranvía y el puesto de gasolina
en la esquina de la casa paterna,
ahora convertida en un cabaret
de cuarta categoría.
Siguió dos cuadras al sur
y al final de la última esquina
con un asfalto carcomido por
los baches, divisó el terraplen
de la vieja estación de trenes,
donde una noche de farras
mataron a su padre.
Sabía por comentarios que el
asesino, cumplida la condena
había regresado al pueblo
dos meses atrás.
Fue una cuestión entre hombres, le
contaron los abuelos, pero su madre
nunca quiso abrir la boca.
El requinto soltaba una galopa
y el aire caliente de la siesta
mezclaba sudor y polvo.
En la puerta de los Anselmi
lo recibió uno de sus hijos.
-Vengo a buscar a tu padre, le dijo.
- ¿ Para ?
- Cuestión de hombres, nomás-
pendientes de un pasado
que no podía olvidar.
La ciudad había cambiado
después de casi treinta
años y le costaba
ubicarse en su antiguo
barrio cerca del río.
Con paciencia encontró
la calle donde pasaba
el tranvía y el puesto de gasolina
en la esquina de la casa paterna,
ahora convertida en un cabaret
de cuarta categoría.
Siguió dos cuadras al sur
y al final de la última esquina
con un asfalto carcomido por
los baches, divisó el terraplen
de la vieja estación de trenes,
donde una noche de farras
mataron a su padre.
Sabía por comentarios que el
asesino, cumplida la condena
había regresado al pueblo
dos meses atrás.
Fue una cuestión entre hombres, le
contaron los abuelos, pero su madre
nunca quiso abrir la boca.
El requinto soltaba una galopa
y el aire caliente de la siesta
mezclaba sudor y polvo.
En la puerta de los Anselmi
lo recibió uno de sus hijos.
-Vengo a buscar a tu padre, le dijo.
- ¿ Para ?
- Cuestión de hombres, nomás-
Sunday, February 18, 2007
Oaxaca de Juárez
Ciudad fantástica
de pilares cósmicos;
calles empedradas
de realismo mágico;
esquinas que nos cuentan
historias de amores
y rasgueos de guitarras
afinadas.
Zócalos que asombran
con el aroma de
rosas multicolores;
templos adornados
con el sudor del indígena
y el blasón de los señores.
En las arcadas de tus conventos
dejé un rastro largo
para que,
en el retorno de mis días,
vuelva a encontrarte
cimbreando la cintura.
de pilares cósmicos;
calles empedradas
de realismo mágico;
esquinas que nos cuentan
historias de amores
y rasgueos de guitarras
afinadas.
Zócalos que asombran
con el aroma de
rosas multicolores;
templos adornados
con el sudor del indígena
y el blasón de los señores.
En las arcadas de tus conventos
dejé un rastro largo
para que,
en el retorno de mis días,
vuelva a encontrarte
cimbreando la cintura.
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